El verdugo o el humor negro español

“El verdugo” es una de las grandes películas del cine español y para mi gusto, junto con “Plácido” la mejor de Luís G. Berlanga.

Rodada en blanco y negro tiene esa poética que solo el blanco y negro posee. Sus paisajes urbanos del Madrid de los 60, tan cuidadosamente y “amorosamente” elegidos y en general toda sus escenografías, convierten a la película en una joya estética.

Hablando de escenografía, me estoy acordando del mágico espacio que es la casa-taller del sastre y de la escena final, cuando el verdugo, en ese espacio majestuoso se dirige a la fuerza hacia el cadalso.

Porque en “El verdugo” el contenido y la forma van íntimamente unidos, no existen fisuras, lo que se dice, lo que se habla…siempre está bien acompañado a nivel escenográfico.

La escena final, del reo y el verdugo, yendo los dos hacia el patíbulo, en ese espacio sobrecogedor e inhumano, es inmemorable. Sin una palabra, nos expresa el peso de la sociedad y de la violencia de esa sociedad sobre el individuo de a pie, sobre el minúsculo individuo, que en este caso es el verdugo.

Porque en esta película la víctima es el verdugo. Víctima de lo que la sociedad le demanda, de lo que la sociedad espera de él. Porque el no elige, es la sociedad la que con todas sus trampas le elige a el. El verdugo va al patíbulo con el mismo sufrimiento que va el reo.

Es una película muy crítica y ácida y heredera de ese humor negro tan español. Porque, a pesar de todo lo que nos cuenta, nos hace reír; no pierde en ningún momento ese extraordinario sentido del humor, que transforma la cruda realidad en algo absurdo, surrealista y ridículo.

Desde luego, a hacernos reír contribuye el gran elenco de actores que trabajan de una forma tan suelta y natural, tan creyéndose sus papeles.

En esta película, por supuesto se critica la pena de muerte pero es más, se critica a una sociedad cosificada, donde no existe el individualismo, opresiva, pobre, llena de trampas para que todos pasen por el aro y sobre todo hipócrita.

Y todo esto lo consiguió contar Berlanga a pesar de la censura, gracias a esas grandes dosis de talento e ingenio que derrochó.

Mónica Roig, mucho(+) que cine

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