Los retos del mundo rural: un medio vivo, un espacio atractivo y un entorno innovador

A lo largo de buena parte del siglo pasado los territorios rurales españoles, como los de buena parte del mundo occidental, experimentaron un intenso proceso de despoblamiento. El éxodo rural a la vez que daba lugar al abandono de muchos pueblos, dejaba una población rural envejecida, a menudo “masculinizada” y con un nivel formativo por debajo de la media del país. Mientras los empleos para la gente mejor formada, las infraestructuras y los equipamientos se concentraban en las ciudades. Rural era sinónimo de agrario, por la presencia dominante de la actividad agraria como fuente de empleo e ingresos, pero también de atraso y de ausencia de oportunidades frente al progreso del mundo urbano.

Antes de que acabara el siglo XX. algunos territorios rurales rompieron con el círculo vicioso del despoblamiento, el envejecimiento y el empobrecimiento fijando población, atrayendo nuevos habitantes y diversificando su tejido producto. La mejora de las comunicaciones, notablemente la construcción y mejora de accesos por carretera, contribuyó sin duda a este cambio. También conviene recordar que en los años ochenta del siglo pasado, coincidiendo con el ingreso de España en la Unión Europea, se empezó a hablar de desarrollo rural entendiendo por éste un cambio integral de los territorios en ámbitos como las infraestructuras y los equipamientos pero también la formación, el tejido productivo y en términos generales aprovechando los recursos endógenos de los mismos.

Al hablar de recursos endógenos, es decir del potencial de desarrollo basado en los activos materiales e inmateriales con que cuentan los territorios, no hay que olvidar que la población local, el “capital humano”, debe ser el principal recursos endógeno para el citado desarrollo local. Esto significa, en primer lugar que la población rural debe creer en el potencial de su territorio y que éste debe ofrecer calidad de vida, ser capaz de retener a los jóvenes incluidos aquellos con mejor formación y mayor iniciativa así como atraer a gente de otros territorios con planes de vida y trabajo. Los habitantes del mundo rural son también importantes porque ellos deben tener un proyecto de desarrollo para sus territorios y ser capaces de impulsarlo.

El reto de los territorios rurales es pues complejo y ambicioso. El reto incluye ser un espacio atractivo, de calidad, para vivir y trabajar, fomentar iniciativas emprendedoras que den lugar a actividades innovadoras capaces de generar puestos de trabajos e ingresos para sus pobladores incluyendo a jóvenes y mujeres y dotarse de una identidad local con el doble objetivo de cohesionar sus habitantes y proyectarse al mundo. Todo ello conservando los rasgos positivos de los rural incluyendo un entorno natural accesible y bien conservado y un tejido de relaciones humanas, un “capital social”, capaz de impulsar el desarrollo “desde abajo” así como de integrar a los llegados de fuera.

A las actuaciones de desarrollo rural, a las medidas y políticas impulsadas por Administraciones y otros colectivos, les compete estimular la autoestima de los pobladores rurales, fomentar la formación, la integración de jóvenes y mujeres, las iniciativas emprendedoras y las redes de agentes y contribuir a construir o re-construir una identidad territorial con la que posicionarse en un mundo globalizado.

Jordi Rosell
Grupo de Investigación en Desarrollo Rural de la Universitat Autónoma de Barcelona (DRUAB)
jordi.rosell@uab.es

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