Surcos una película neorrealista española

Mientras rodábamos Balarrasa me presentaron una historia que era más bien arnichesca, pero con la intervención fundamental de Gonzalo TorrenteBallester, la transformamos en un planteamiento social… Surcos se preparó de una forma que hoy ya es costumbre en el cine francés e italiano: la previa información. Recogimos fotografías y entrevistas durante más de un mes, y vestimos a los actores con las verdaderas ropas que utilizaban los habitantes de los suburbios… Hasta las escenas exteriores están rodadas con sonido directo.”

                                                                                                                   José Antonio Nieves Conde

Surcos es una de las grandes películas del cine español. Tanto por su contenido realista y de crítica social, como por su estética y por su puesta en escena.

Surcos representa una nueva forma de rodar y de comprender el cine: el neorrealismo. Como ya explicaba Nieves Conde, antes de comenzar a rodar, su equipo se documentó exhaustivamente para que todo resultara lo más realista posible. Por supuesto, se rodó en escenarios naturales, en las calles, los cafés, las corralas…del barrio de Lavapiés y Delicias de Madrid. A esto hay que añadir la magnifica contribución en el guión y diálogos de Gonzalo Torrente Ballester.

José Antonio Nieves Conde pertenecía a la falange y Gonzalo Torrente era un escritor de derechas, a pesar de ello fueron muy críticos con la realidad social del momento. Surcos denunció las desigualdades sociales y el empobrecimiento del campo debido a ciertas medidas políticas. También nos describió una ciudad nada acogedora con delincuencia, prostitución, hacinamiento y con pocas opciones para prosperar.

Esto por supuesto no gustó y la película fue censurada en algunas escenas y tuvo problemas con la iglesia. A pesar de todo, Surcos obtuvo el segundo Premio Nacional del Sindicato del Espectáculo y el primer premio del Círculo de Escritores Cinematográficos.

Como en la película, muchas familias de campesinos en la posguerra se vieron en la necesidad de emigrar a las ciudades e incluso a ultramar. Era la única posibilidad de salir de la miseria.

La ciudad no era tan idílica: era difícil encontrar trabajo, había un gran problema de hacinamiento e infravivienda y por ella pululaban todo tipo de personajes y buscavidas.

A todo esto, hay que añadir que los emigrantes no eran muy bien recibidos. No hay que olvidar, que las autoridades trataban de reprimir todas estas migraciones internas.

Las familias de campesinos que llegaban a la ciudad se encontraban con la represión policial y por tanto también con el rechazo social y la estigmatización. Muchas veces, el ganarse la vida significaba andar sobre arenas movedizas y traspasar las difusas fronteras de la delincuencia.

Toda esta crudeza, está maravillosamente narrada, con un espléndido lenguaje cinematográfico y una estética preciosista.

Mónica Roig, mucho (+) que cine

 

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