Una pasión: el cine

Como cineasta y antes como cinéfilo siempre he considerado el cine como una pasión, capaz de producir tantas y tan variadas sensaciones a la hora de gestarlo, realizarlo y parirlo – hacer una película es o debe ser crear vida -, que considero mi profesión tan apasionante que personalmente soy incapaz de compararla con cualquier otra.

Pero además de la pasión por hacer cine existe la pasión del espectador sensible por verlo. Para los hombres de mi generación, el cine fue desde nuestra más tierna infancia un espectáculo fascinante y único que nos permitía vivir otras vidas, conocer otros seres y transitar por los más lejanos y admirables escenarios. Las películas nos emocionaban, divertían, conmovían, turbaban y aún perturbaban. Y nos hacían algo mejores, más afortunados, más tolerantes, más solidarios.

Tratemos, pues, de descubrir todas sus infinitas posibilidades de hacer felices a quienes lo ven, empezando desde muy pronto, y demostrando que además del gran cine americano existe otro más singular, propio y cercano, que puede y debe ser incluso más gratificante. El cine europeo siempre ha sabido marcar una diferencia, una singularidad, con respeto a los modos y maneras impuestos por el cine norteamericano.

Lo que ha hecho que las grandes películas realizadas en el viejo continente y por los grandes creadores europeos hayan sorprendido e interesado, precisamente por ser diferentes, a los mejores especialistas y autores de USA.

Siempre he pensado que la única forma de triunfar en aquellos mercados, tan poco permeables para nuestros productos, es ofreciendo un tipo de cine que ellos no saben, no quieren o no pueden hacer.

El proyecto “Mucho + que cine” tiene una clara vocación europeísta y trata de mostrar a las más jóvenes generaciones de espectadores, que el cine francés, el alemán, el inglés, el español, habla de un mundo más cercano, y además con una propia y singular narrativa.

ANTONIO GIMÉNEZ-RICO
Director de cine

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